En el Mar Rojo encontramos pecios tan increíbles como Aída, un barco de vapor francés que se encuentra hundido al lado del Numidia. Te invitamos a descubrir su historia.
Historia de Aída: pecio en el Mar Rojo
La historia del Aida se remonta a hace más de cien años atrás, dado que fue construido en Francia en el año 1991. Este barco de vapor francés contaba con unas dimensiones de 75 metros de eslora y un motor de triple expansión de tres cilindros, que le permitía alcanzar una velocidad máxima de 9 nudos. Además de transportar más de 2.000 toneladas de carga.
Cuenta la historia, que durante sus primeros años se dedicó a abastecer los faros y puertos del Mar Rojo. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial se utilizó para trasladar tropas hacia el norte de África.
En el año 1941, el Aída fue alcanzado por el bombardero alemán tipo Heinkel He 111. Aunque se hundió, lo consiguieron recuperar y volvió a navegar 11 meses más tarde, de ahí a que en ocasiones se le conozca como el “Aida II”.
Tras la guerra, recuperó sus tareas originales abasteciendo a los puertos y faros egipcios, principalmente en las islas Brothers, hasta que ocurrió el terrible suceso que provocó su hundimiento.
¿Cuándo ocurrió la tragedia?
El trágico suceso tuvo lugar el 15 de septiembre de 1957. Mientras el barco intentaba atracar en la isla, fue empujado con fuerza contra el arrecife, debido al viento y al fuerte oleaje que hacía ese día.
El barco chocó contra la pared sur del arrecife, Big Brother. Aunque tras el choque se pidió ayuda y pudo mantenerse a flote durante varias horas, no se pudo hacer nada y terminó hundiéndose varios metros hasta encontrarse en el lugar en el que hoy descansa, cerca del pecio del Numidia.
Durante el hundimiento del Aída, el fuerte oleaje hizo que el barco chocara varias veces contra el arrecife y terminó partiéndose en dos. La popa quedó apoyada contra una zona inclinada a unos 52 metros de profundidad y la proa sobre el pie del arrecife, a unos 26 metros de profundidad, por eso es fácilmente accesible hoy en día.
Tras el fuerte impacto, el motor se desprendió del casco. No obstante, a día de hoy se conservan varias partes del barco y se puede ir a visitar, lo que lo convierte en una inmersión muy agradecida entre los submarinistas.
¿Vale la pena visitar este pecio?
Por supuesto. Si eliges un viaje de buceo por las Islas Brothers puedes hacer una parada en este pecio y aprovechar para ver también el Numidia. Aunque Aída es más pequeño, sorprende por su posición inclinada a lo largo de la pared del arrecife y gusta mucho a los amantes de los pecios y barcos hundidos. Es todo un espectáculo verlo de cerca y recorrerlo.
Durante la inmersión, puedes aprovechar para explorar la proa, la sala de máquinas, las bodegas y las estructuras internas del barco. Es una zona en la que puede haber corrientes, por eso es importante estar bien preparado. Gracias a la visibilidad que ofrece el Mar Rojo se puede ver bastante bien.
Alrededor del pecio hay mucha vida marina y es una inmersión que nunca defrauda. Si tienes suerte, incluso podrías encontrarte con enormes tiburones oceánicos de puntas blancas nadando alrededor del barco. ¡Casi nada!
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¿Qué te ha parecido lo más sorprendente del Aída?